La Sirenita – Un cuento tradicional de Princesas

La Sirenita – Un cuento tradicional de Princesas
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Hola bienvenido esta vez te traigo el cuento infantil La Sirenita para que lo disfrutes en compañía de los niños de la casa.
Abajo podrás encontrar el cuento de La Sirenita en 3 formatos:

  1. En video cuento
  2. En texto con imágenes para que lo puedas leer o copiar para imprimirlo.
  3. En formato de Descarga. Agregare un botón de descarga al final para que puedas descargar el cuento infantil La Sirenita e imprimirlo directamente.

Video Cuento de La Sirenita



Cuento infantil de La Sirenita para leer


la sirenita cuento infantilÉrase una vez, en el vasto y profundo océano, un enorme castillo en el fondo del mar en el cual gobernaba el Rey del Océano, Tritón un hombre de avanzada de edad pero muy sabio, con una barba blanca prominente. En su enorme y colorido palacio, adornado con abundantes conchas marinas, vivía con cinco hermosas hijas sirenas.

Ariel, la menor, además de ser encantadora, también poseía una voz hermosa. Solía cantar acompañada de su arpa, y en cuestión de instantes estaba rodeada de público, peces del mar que nadaban rápido para ir a verla cantar, las medusas dejaban de flotar al oírla, y las conchas marinas se abrían exhibiendo sus enormes perlas.

Ariel pasaba la mayor parte del tiempo cantando, y mientras lo hacía miraba fijamente una tenue luz que apenas se lograba ver viniendo de la superficie. “¡Como me encantaría subir a la superficie, para admirar el cielo del que todos hablan que es bonito, escuchar la voz de los marineros y oler distintas fragancias!”

“Aun eres muy niña”. Le respondió la madre. “En un par de años, que cumplas quince, tu padre te va a dar permiso para ir, como tus hermanas”

Ariel solía soñar despierta con el mundo das personas de la superficie, ya que solo lo conocía por los cuentos de sus hermanas, con las cuales solían hablar del mismo tema durante horas para complacer la tan grande curiosidad que tenía su hermana menor acerca de la superficie.

Durante ese tiempo, y esperaba ansiosa ir finalmente a la superficie, le dedicaba su tiempo a un hermoso jardín adornado con su muy buen gusto. Acompañada de los caballos de mar y los delfines que siempre la buscaban para jugar. Hasta que finalmente llegó el cumpleaños de la joven

Ariel, tan esperado que no consiguió dormir la noche anterior.

triton papa de la sirenitaLa joven sirenita fue llamada por su padre, para peinar su largo y dorado cabello para luego colocarle una hermosa flor en su hombro.

“¡Ahora pues, ya puedes ir a la superficie, respirar aire fresco y admirar el cielo! ¡Pero debes saber que el mundo de la superficie no es el nuestro, lo único que podremos hacer es admirarlo! ¡Nosotros somos criaturas del mar, y no poseemos el alma como los hombres!, Ten cuidado y mantén distancia con ellos. ¡Solo te traerá problemas!” Luego de que su padre terminó de hablarle, Ariel le dio un beso y se fue nadando velozmente a la superficie. Se sentía más rápida que cualquier pez del océano.

Cuando finalmente, salió a la superficie. ¡Qué grandioso! Por primera vez pudo apreciar el azul del cielo, las primeras estrellas que se asoman antes del anochecer. El crepúsculo que se forma con el sol poniéndose en el horizonte, el cual dejaba un destello dorado que se reflejaba en el mar.

Las gaviotas volaban alrededor de la sirenita cantando dándole la bienvenida. ¡Qué fabulosa es la superficie! exclamó en voz alta. Pero su admiración aumentaba al percatarse que se acercaba una nave al horizonte, cerca de la sirenita los marineros echaron ancla y la nave queda detenida. Ariel escuchaba las voces de los marineros desde un costado del barco. “¡Me encantaría charlar con alguno de ellos!

Pensaba ella mientras se acercaba cada vez más a la nave, pero vio su cola ondulando entre el agua en vez de piernas, entonces se frustró: “¡Nunca voy a poder ser como ellos!”. En el barco los marineros trabajaban y cantan al unísono como toda una orquesta: “¡Larga vida a nuestro capitán! ¡Enhorabuena sus veinte años!”. Ariel no dejaba de observar asombrada y emocionada, estaba por ver a esa persona que estaba dirigiendo tal alboroto.

Y entonces salió a la luz, aquel hombre moreno, alto, de porte real, y con una sonrisa enorme que la dejo cautivada. Ariel en ese instante se dio cuenta que los marineros corrían inminente peligro, se aproximaba una oleada de viento frio que sacudió las olas, el cielo se oscureció y empezaron a caer relámpagos, se había creado una fuerte tormenta de la nada que arremetía contra la nave de forma imprevista.

“!Atentos! ¡Las olas!” “Ariel No pudo terminar de advertir entre los sonidos  ensordecedores de la tormenta volcaban el barco. Entre desespero y gritos el barco terminó cediendo ante la tormenta que terminó hundiendo el barco de forma irremediable.

Ariel que entre tanto alboroto pudo ver como el capitán se precipitaba al océano, entre violentas y gigantescas olas, estuvo nadando para rescatarlo. Hasta que cuando casi se daba por vencida finalmente pudo encontrarlo en el tope de una gigantesca ola que estaba a punto de romper.

La sirenita lo sostuvo para sacarlo fuera de peligro, nadando fuertemente en contra de la fuerza de la naturaleza. El capitán no despertaba mientras que la pequeña Ariel luchaba contra viento y marea de mantenerlo con vida al cabo de toda la noche. Al florecer los primeros tenues rayos de luz sobre el mar todavía algo agitado, Ariel sintió alivio al darse cuenta que estaba llegando a tierra firme para poder dejar al joven capitán en un lugar seguro.

Como el joven no despertaba ella permanecía a su lado a la orilla de la playa, recibiendo algo del oleaje en su cola, mientras sostenía la mano del joven y le daba su calor para mantenerlo salvo. Hasta que en un momento escucho personas aproximándose por lo que fue rápidamente a esconderse.

“¡Apresuradle!” gritaba una mujer alterada. “Hay un náufrago en la orilla” “¡Vive! ¡Pobre hombre! ¡Fue una gran tormenta…! ¡Hay que llevarlo a un lugar seguro!” “¡O mejor será pedir ayuda…!”

Cuando aquel hombre finalmente pudo recobrar la conciencia, lo primero que pudo ver fue el  hermoso rostro de una de las tres señoritas que le estaban cuidando. “¡Gracias por salvar mi vida!” le decía en voz baja y empalagosa a aquella bella señorita.

Ariel, observaba detenidamente desde el agua que aquel hombre era llevado al castillo sin saber que su verdadera heroína era ella y no esta joven dama que acababa de conocer. Así que muy deprimida nadó lentamente hacia el mar, con la certeza que en tierra dejaba a alguien de quien nunca se quiso separar. A pesar de la tormenta ella había disfrutado enormemente sostener aquel joven capitán entre sus brazos.

Al llegar a su palacio en el mar empezó a contar lo que había sucedido, pero su voz y emociones se quebrantaban hasta que fue corriendo a su habitación para llorar desconsolada.

ursula de la sirenitaLos días pasaban y ella quedaba sola, encerrada y sin de seos de ver a nadie, había hasta dejado de comer por tanta depresión. Muy desconsolada porque sabía que aquel joven capitán era un amor imposible. La única esperanza era la Hechicera de los Abismos Ursula, pero ¿cuál sería el costo? A pesar de cualquier escenario, la sirenita decidió arriesgarse a hablar con ella.

“… ¡Entonces deseas deshacerte de tu cola de pez! ¡Y en lugar de eso vas a querer un par de piernas! ¡Está bien! Pero debes saber que sufrirás un enorme dolor cada vez que tus pies toquen el suelo.” “¡Lo que tú digas” respondió la sirenita aun con llanto, “con tal y pueda estar otra vez con el!” “¡Eso no es todo!” dijo la hechicera.

” ¡Debes entregarme tu hermosa voz, y serás muda para siempre! También debes recordar: Que si ese hombre se llegase a casar con otra mujer, tu cuerpo se desvanecerá con el agua del mar, como la espuma de las olas. “¡Acepto!” asentó Ariel y de inmediato, pidió aquella pócima especial.

Ariel, fue en seguida a la playa, bien cerca del castillo, arrastrándose en la orilla de la playa para beberse la poción mágica que le dio la hechicera. El efecto no se hizo esperar, Ariel  empezó a sentir un insoportable dolor hasta caer inconsciente y cuando recobró la conciencia, lo primero que pudo enfocar fue aquella sonrisa reconocible del joven capitán, el príncipe.

La había encontrado recordando que el también paso por la situación de náufrago, así que cubrió tierna y caballerosamente con su capa el cuerpo de la joven Ariel. “Tranquila” le dijo el “te mantendré a salvo. ¿De dónde eres?” Pero Ariel, había quedado muda también de la poción, no pudo darle respuesta. “Voy a llevarte al palacio, y te recuperarás.”

la sirenitaAsí que la joven sirena comenzaba con un nuevo estilo de vida: Usaba hermosos vestidos y  acompañaba a su adorado príncipe a los paseos. Un día recibió una invitación al baile de la corte, pero tal como le había dicho la hechicera, cada paso en sus piernas le provocaba intensos  dolores como parte del precio de haber cumplido su deseo.

A pesar de tampoco poder responder con palabras a todo lo que el príncipe hacía por ella, él le había agarrado cariño y le  gustaba atenderla. Pero a pesar de eso, el joven príncipe no sacaba de su mente aquella joven que vio cuando lo rescataron del naufragio.

No la había vuelto a ver de nuevo, porque luego de que le salvaron, esta misteriosa mujer tuvo que viajar en seguida a su país. Cuando estaba junto a Ariel, el príncipe le expresaba un  cariño sincero pero la otra aquella joven siempre estaba presente en sus pensamientos.

La joven Ariel se podía dar cuenta de eso, y que ella no era la que ocupaba tan fuertemente los pensamientos del príncipe, esto era desgarrante para la joven sirenita. Cuando todos dormían, Ariel se escapaba a la playa para sentarse a llorar mirando las olas.

Aunque la fortuna le reservaba una sorpresa. Una tarde, desde una de las torres más altas del castillo, pudo ver una enorme nave que se aproximaba al puerto real, y el príncipe fue corriendo a recibir a esta persona mientras estaba acompañado de Ariel. Y la primera persona que se vio desembarcar de la nave fue aquella joven que el príncipe llevaba rondando en sus pensamientos, en ese momento, el joven príncipe corrió hacia ella muy feliz. La pobre sirenita quedo atónita, fría y con estruendoso dolor en su corazón. Se dio cuenta que todas sus esperanzas estaban acabadas.

El príncipe le pidió matrimonio a esta desconocida mujer, ebrio de amor por ella, y la mujer acepto sin pensarlo, ya que ella le correspondía en sentimientos. Días después de celebrarse su boda, los esposos se embarcaron a un paseo por el mar en una gran nave que estaba a punto de salir del puerto. Ariel también subió con ellos, y embarcaron. Durante la noche la sirenita, mortificada por perder la oportunidad de tener a su amado, fue a la cubierta del barco.

Luego empezó a recordar todo lo que le había dicho la hechicera, Ariel ya estaba resignada a desvanecerse entre las olas del mar. Cuando escucho el llamado de sus hermanas desde el mar:

“!Ariel! !Ariel! !Somos tus hermanas! !Mira! ¿Ves esta daga? Se trata de una daga mágica que nos dio la hechicera de los abismos, a cambio de nuestros cabellos. ¡Agárralo y mata al  príncipe! si haces esto, podrás ser una sirena nuevamente y olvidarás todo lo malo que has pasado.” Como si fuera un sueño, la sirenita sujetó la daga y fue hasta el camarote donde se encontraban los esposos. Y cuando vio la sonrisa del príncipe durmiente, le beso y volvió a la cubierta. Cuando estaba a punto de amanecer, tiró la daga al océano, y contempló el ocaso, como símbolo de despedida, estaba resignada a desvanecerse y  convertirse espuma.

Amanecía esta vez muy lentamente, y al primer rayo de sol que se asomaba por el mar la  sirenita le despedía con la mirada mirando fijamente tal belleza natural. Cuando repentinamente, de forma mágica, la sirenita fue levantada por los cielos hasta  las nubes, donde se coloreaban de tonos rosas y las olas se estremecían con los primeros vientos del día. La sirenita escucho un llamado entre sonido de campanillas: “¡Ariel!

¡Ariel! ¡Ven, Acompáñanos!”, “¿Quién es?” respondió la joven, también percatándose de que su voz había vuelto “¿Dónde está?” “Estas acompañándonos en el cielo. Nosotras las hadas del viento.

No poseemos alma como los humanos, pero tenemos la labor de ayudar a quienes han demostrado buenas intenciones hacia ellos. Ariel, impresionada, miró hacia abajo, pudo ver la nave donde se encontraba el príncipe, mientras sus ojos estallaban en lágrimas, y las hadas le murmuraban:

“¡Date cuenta! Las flores del suelo esperan a que sean nuestras lágrimas las que se conviertan en el rocío del alba” ¡Acompáñanos!


FIN.


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